EL EPISODIO DEL BISMARCK Y LA ESTRATEGIA NAVAL ALEMANA

Por Manuel P. González López

En el momento que el Bismarck se hundió, no solo naufragó el más poderoso acorazado del mundo arrastrando a más de dos mil hombres, si no también toda la estrategia de Raeder para sus buques de superficie.

El gran ausente de la batalla del Atlántico. No lograr poner en servicio el Graf Zeppelin fue el mayor error naval de Alemania.

Hasta el episodio del Bismarck Raeder había utilizado a los buques de superficie para distorsionar el tráfico británico. Esta estrategia había tenido éxitos y fracasos. Entre los primeros la incursiones del Scheer por una parte y la del Scharnhorst y Gneisenau por la otra. El fracaso más sonoro había sido el del Graf Spee.

Raeder quiso repetir los éxitos. Considerando que con un buque de la capacidad del Bismarck por fin podría atacar a todo tipo de convoyes incluso los dotados de una escolta de acorazados, que podían ser mantenidos a raya por el Bismarck mientras el Prinz Eugen atacaba a los mercantes. Obviamente, como se demostró en la operación, la irrupción del Bismarck en el Atlántico sometería a la Royal Navy a un esfuerzo colosal. Si el Bismarck lograba alcanzar el Atlántico central los británicos no tendrían más que dos opciones o disolver los convoyes para poder formar grupos de combate con capacidad suficiente para detener al Bismarck (con el consiguiente desgaste de hombres y buques además del consumo de combustible) y dejar los mercantes a merced de los U-boats, o por el contrario aceptar que el Bismarck destruyera los convoyes más desprotegidos con suma facilidad y desgastar a los acorazados y portaaviones en la escolta de los convoyes principales que obviamente serían evitados por el Bismarck. *

El Gneisenau fotografiado desde el U-124 durante la Operación Berlin. La Kriegsmarine fue incapaz de coordinar las acciones de submarinos y buques de superficie.

La operación por tanto ofrecía promesas de éxito, aunque presentaba también un gran riesgo y a Raeder se le presentaron una serie de consideraciones para que considerase la modificación o el retraso de la misma:

  1. La estación estaba muy avanzada, cruzar el estrecho de Dinamarca en mayo era mucho más arriesgado que hacerlo en otoño.
  2. Se debía esperar al fin del entrenamiento del Tirpitz. Si el Tirpitz hubiera estado en la operación los ingleses hubieran sido incapaces de concentrar una fuerza de acorazados lo suficientemente rápida y/o fuerte para forzar un combate con éxito.
  3. Se debía amagar al menos con una salida del Scharnhorst y el Gneisenau. Los dos buques estaban en reparaciones hasta el otoño.
El HMS Brighton, a pesar de su vejez los destructores cedidos por la US Navy ayudaron a los britanicos a superar el periodo mas duro.

El mismo Raeder, Lütjens y otros altos mandos eran conscientes de que por estas razones lo razonable era retrasar la operación hasta el otoño. Pero Raeder conocía la intención de Hitler de invadir Rusia, y que tanto los recursos de Alemania como la atención del Führer se desplazarían hacia esta campaña. Por tanto impuso su criterio de forzar la salida del Bismarck con la intención de impresionar a Hitler y mantener la presión sobre la Royal Navy. El curso de los acontecimientos demostraría su terrible error.

Sorprendentemente la arriesgadísima apuesta de Raeder estuvo a punto de tener éxito. Los británicos no estuvieron especialmente afortunados durante la batalla y cometieron errores enormes que por poco permitieron al Bismarck escapar. Este solo fue atrapado gracias a un impacto en el punto más vulnerable de todo buque de guerra pero ciertamente el más difícil de alcanzar por un torpedo.

Cualquiera que fuera el rédito que Raeder esperaba obtener de la operación fue frustrado por su final. Incluso la victoria inicial que supuso el hundimiento del Hood no podía compensar la pérdida del Bismarck , y lo que es peor convenció a Hitler del riesgo que corrían los buques en el Atlántico y se negó en adelante a nuevas operaciones tan claramente ofensivas.

Todavía Alemania seguía poseyendo una flota considerable, pero el protagonismo ofensivo que había tenido hasta entonces no tuvo continuidad.

El USS Washington y el HMS Duke of York escoltando un convoy a la URSS. La presencia de las unidades de superficie germanas obligó a los aliados a mantener en Scapa Flow una fuerza considerable.

Esta estrategia ofensiva ha sido a menudo criticada como un esfuerzo desproporcionado por parte de la Kriegsmarine para obtener unos resultados mas bien modestos. Las críticas se resumen en:

  1. Los submarinos obtenían mejores resultados a un coste menor.
  2. El esfuerzo técnico y humano de construir y mantener en servicio estos buques. Hubiese sido mejor empleado en otras partes (obviamente en submarinos).
  3. El consumo de combustible era superior a la capacidad alemana.

Siendo ciertas las críticas no dejan de ser, por otra parte, exageradas. Ciertamente la última es la más consistente de todas, pero en mayo de 1941 con la campaña de Rusia todavía sin comenzar no parecía un problema grave pues Alemania recibía petróleo Ruso y Rumano.

Las dos primeras han sido enunciadas múltiples veces sin tener en cuenta ciertos argumentos:

  1. Tanto submarinos como aviones obtenían los mejores resultados cuando los aliados se veían obligados a abandonar el sistema de convoyes o dispersaban un convoy. El convoy PQ-17 de 1942 es un ejemplo. Cuando se ordeno dispersar el convoy ante la presencia del Tirpitz y otros buques germanos. Estos no intervinieron pero aviones y submarinos "cazaron" con suma facilidad a la mayoría de los mercantes.
  2. Las actividades de los buques de superficie alemanes tenían repercusión incluso muy lejos de ellos. La fuerza H británica no pudo intervenir contra la invasión de Creta pues estaba empeñada en la persecución del Bismarck. En general la irrupción de un buque de superficie alemán en el Atlántico suponía un esfuerzo enorme para la Royal Navy que la ponía al límite de la resistencia de hombres y navíos.**
Los portaaviones de escolta (como el HMS Tracker) fueron el arma decisiva en la batalla del Atlántico.

  1. La mera existencia de los acorazados y cruceros alemanes obligaba a mantener frente a ellos y/o construir acorazados y portaaviones que se podrían haber usado en otro sitio (Mediterráneo o Indico) o que simplemente no se hubieran construido. Es decir si el Bismarck , Tirpitz etc. equivalen a X submarinos, ¿A cuantos escoltas (portaaviones de escolta, destructores y fragatas) equivalen la docena de acorazados y portaaviones de ataque modernos de la Royal Navy?
  2. Finalmente la estrategia submarina fue también derrotada, al fin y al cabo la batalla del Atlántico no se ganó en el mar sino en los astilleros y fábricas. Fue la inmensa capacidad industrial de Estados Unidos la que puso en el mar a las decenas de portaaviones de escolta y centenares de bombarderos de largo alcance que hicieron la vida imposible a los U-boats.

* Se debe tener en cuenta que la escolta de los convoyes era para los buques más valiosos un esfuerzo terrible, navegar a la velocidad del convoy 8-10 nudos era ponerse como blanco predilecto de los submarinos, atravesar el Atlántico zigzagueando a 16-20 nudos sin alejarse demasiado del convoy (que también zigzagueaba) suponía un consumo enorme de combustible y un gran desgaste de buques y tripulaciones. La Royal Navy procuró no empeñar a sus portaaviones y acorazados más modernos en estos destinos siempre que fue posible.

** La presión social, política y propagandística sobre la Royal Navy no debe ser tampoco menospreciada. La armada británica era considerada la primera armada del mundo y debía siempre mantener su prestigio ante amigos y enemigos. La frase "Hundid al Bismarck" es el mejor ejemplo de esta presión.

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